Rafael Sanzio: La Escuela de Atenas

La Escuela de Atenas es uno de los frescos sobre pared (770 cm de base aprox.) más conocidos en la Historia del Arte, además de una de las obras maestras del gran Rafael Sanzio (también conocido como Rafael de Urbino). Esta alegoría que simboliza el triunfo de la Filosofía Antigua, se encuentra situada en frente de la alegoría titulada la Disputa del Sacramento (representación de la Teología Divina), en la Stanza della Signatura del Palacio Vaticano (Roma). La situación de contraposición espacial no es baladí, ya que ambas obras representan dos conceptos epistémicos antagónicos: la Razón (verdad racional) y la Fe (verdad sobrenatural).

La escena se encuadra dentro de una monumental arquitectura clásica cuya inspiración proviene de las bóvedas de la Basílica de Majencio. La citada arquitectura llega a ocupar las tres cuartas partes del espacio pictórico, transmitiendo una composición marcada por el equilibrio, la armonía, la simetría geométrica y las rígidas leyes de la perspectiva. Pero la combinación de líneas rectas y curvas (arco de inicio, bóvedas, arco de triunfo final, el apenas insinuado patio de tendencia circular con cúpula sobre pechinas, los tondos y las estatuas de los diferentes nichos) proporcionan ciertas dosis de dinamismo alternante que rompen el estricto esquema geométrico. Por otro lado, aunque nos encontremos ante una escena de interior, se observa también un pequeño protagonismo de lo externo a partir de la representación del cielo y las nubes, ambos elementos enmarcados y encuadrados entre líneas rectas y curvas: un primer fragmento de cielo, nivel más inferior, se encuentra  coronado por una línea curva y una recta (parte superior del arco de triunfo); y el segundo fragmento de cielo, que sobrevuela el monumento arquitectónico anteriormente indicado, invierte la geometría de las líneas (recta y curva) otorgando una alternancia dinámica.

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Asimismo, la obra nos reune a un conjunto de personajes de gran importancia distribuidos de forma oval y escalonada. En la zona central nos encontramos a Platón y Aristóteles identificados por los libros que portan: Timeo y Ética. Platón ha sido representado con los rasgos de senectud de Leonardo da Vinci y apunta con el dedo índice de la mano derecha el cielo (idealismo filosófico) y Aristóteles se nos presenta con su diestra en posición horizontal señalando el suelo (materialismo filosófico). A la izquierda de la escena al fondo identificamos a Sócrates, Jenofonte, Esquines o Alcibíades y Alejandro. En primera línea de la obra y enfrente de los anteriores nos encontramos a Zenón,  Epicuro (coronado con hojas de parra leyendo un libro), Pitágoras (escribiendo en un libro), Averroes (con turbante blanco que observa las anotaciones de Pitágoras), Anaximandro (que también observa las anatociones de Pitágoras) y Heráclito en la zona más central apoyado sobre un bloque de mármol. Este último representado con los rasgos de Miguel Ángel como tributo y homenaje tras el descubrimiento de la primera parte de la Capilla Sixtina el 14 de agosto de 1511. Dentro del grupo anteriormente descrito tenemos la presencia de dos personajes contemporáneos: la cabeza del niño Federico Gonzaga, futuro Duque de Mantua y una figura vestida de blanco que mira directamente al espectador: Francesco Maria della Rovere, sobrino de Julio II. Por otro lado, a la derecha de la escena y en primer plano se identifican a Euclides (representado con los rasgos de Bramante) inclinado con compás en mano, Zoroastro (parecido al poeta Pietro Bembo), el propio Rafael Sanzio (autorretrato que dirige su mirada al espectador), Sodoma (posible colaborador suyo) y Ptolomeo que presenta una corona real, ya que fue confundido con el rey egipcio homónimo. Más al fondo se representa a Plotino, justamente debajo del nicho de Atenea.

En la Escuela de Atenas no solo se representan filósofos, sino que Rafael se tomó la licencia de representar a muchos de ellos con las facciones de artistas contemporáneos con la brillante intención simbólica de superar la concepción medieval de las mismas: reivindicando la importancia de las Artes en genertal y de las Artes Plásticas en particular, elevándolas a la misma altura intelectual de la Filosofía. Este planteamiento se refuerza aún más si nos remitimos a la presencia de las esculturas de Apolo y Atenea en los nichos principales: Apolo dios de la Música y la Racionalidad (como atributo una lira) y Atenea que representa la Sabiduría y es patrona de las Artes. Es como si Rafael Sanzio nos estuviera indicando que las Artes y la Filosofía beben de la misma fuente y nutren las mismas aspiraciones: la exaltación de las máximas categorías del espíritu humano, la Verdad, el Bien y la Belleza, postulados neoplatónicos que inspiraban a Julio II.

Published in: on 29 junio 2016 at 6:21 pm  Dejar un comentario