El Descendimiento de Caravaggio.

Debido a la visita Papal,  como consecuencia de la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ 2011) en Madrid, podemos tener la gratísima oportunidad de contemplar en el Museo del Prado un obra excepcional: El Descendimiento o Deposizione del magistral Michelangelo Merisi, Il Caravaggio.

La obra expuesta está incardinada en el Programa Museístico del Prado denominado “La obra invitada”. Y qué mejor que invitar al pintor que en menor medida podemos contemplar en España, tanto museísticamente como en exhibiciones temporales (Preckler, 1999). Al pintor insigne creador de obras maestras en serie y precursor incontestable del Barroco. Al artista que en su época fue un extraño de su tiempo, un extemporáneo, y que actualmente es  un indiscutible contemporáneo de nuestra época: “Caravaggio era, pues, un outsider” ( Moriente, 2011). Pero curiosamente esta obra es una gran excepción, ya que la crítica contemporánea la valoró de manera positiva y la englobó dentro de la “ortodoxia cristiana”; cuestión insólita dentro de la visión, considerada como heterodoxa, que Caravaggio poseía sobre la representación plástica de personajes religiosos o históricos.

El Descendimiento fue ejecutada entre 1602-1604 y destinada al altar mayor de la capilla que la familia Girolamo Vittrice poseía en la iglesia romana de la Vallicella, también identificada como la Chiesa Nuova y perteneciente a la Congregación de los Oratorianos de Felipe Neri.

Chiesa Nuova

El Descendimiento de Caravaggio 1602-1604

El esquema compositivo de la obra está vertebrado a partir de una diagonal (elemento barroco por antonomasia) que une o enlaza el ángulo inferior izquierdo de la obra con su diametralmente opuesto. Los personajes forman un todo compacto: Caravaggio es un pintor de figuras, que prodiga, como se puede apreciar en el lienzo, un “humanismo naturalista”. Los personajes se recortan sobre un fondo oscuro que niega cualquier atisbo al espacio donde se desarrolla la escena pictórica: nada de elementos anecdóticos y circunstanciales que puedan sustraer la atención de los potenciales espectadores. Estas circunstancias pictóricas se enfatizan como consecuencia de la utilización de la técnica tenebrista.

Asimismo, es interesante incidir en la sabia y acertada composición cromática de esta obra insigne, observemos la combinación del color rojo (manto)  y verde (túnica) de San Juan Evangelista. Es decir, la utilización de un color primario como el rojo, que a su vez enmarca la escena principal y capta la atención del espectador, y el color verde, un color de carácter secundario caracterizado por la ausencia del rojo y, por lo tanto su mejor acompañante complementario. En el resto del espectro cromático tendríamos que destacar el color blanco del paño de pureza y del manto inmaculado que limita la parte inferior del cuerpo yacente de Cristo. Y el azul, símbolo de espiritualidad, que junto con el blanco, símbolo de pureza, encuadra el rostro de la Virgen María. Los otros personajes del cuadro se restringen al blanco y a tonalidades derivadas del amarillo; es el caso de Nicodemo, que mira descaradamente al espectador ejerciendo el efecto de reclamo visual y de los personajes femeninos de María Magdalena y María de Cleofás.

En la obra también se puede apreciar y degustar como los personajes mencionados exponen toda una galería de formas de expresión del dolor humano, que tanto había observado y estudiado el gran pintor barroco en personajes cotidianos y mundanos de la vida real. Un repertorio de dolor “fieramente humano”, según la certera expresión acuñada por el poeta Blas de Otero: la expresión de dolor sereno, sosegado e interno de la Virgen María, la acción gestual de María Magdalena secándose las lágrimas con un pañuelo y el dolor desgarrado y plenamente desconsolado de María de Cleofás con sus brazos alzados, sus manos abiertas y su rostro y mirada hacia el cielo.

En la zona inferior de la pintura se localiza la tumba donde iba a ser enterrado Cristo, en ella podemos apreciar una gran y pesada losa entreabierta. El ángulo agudo que queda en primer plano y parecese salirse del cuadro ha sido interpretado como la representación de la ” piedra angular” de la Iglesia. Pero si nos damos cuenta la posición del espectador de la obra, al ser inferior a la misma parece que está situado dentro de la misma tumba donde va a ser enterrado Cristo. ¿Un recordatorio del destino ineludible de los humanos  como seres mortales o un genial y extraordinario tratamiento del tema de la muerte tan característico del Barroco?

Para concluir es inevitable realizar un paralelismo entre esta obra y la Dormición de la Virgen, ya que en ambos no  se representa la muerte de dos personajes de naturaleza divina, sino de dos personajes esencial y dramáticamente humanos.

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Published in: on 3 septiembre 2011 at 5:22 pm  Dejar un comentario  

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