El gótico se inicia en Francia hacia la segunda mitad del siglo XII en coexistencia todavía con el epílogo del románico. Este solapamiento de ambos estilos artísticos europeos fue temporal ya que surgieron una serie de cambios económicos, sociales, políticos e ideológicos que propiciaron un distanciamiento de los dos lenguajes artísticos. Durante los siglos XII y XIII se produjo un aumento de la población europea. Este hecho, junto con un fenómeno de bonanza climática, favorecieron el poblamiento de nuevos territorios y la roturación de nuevas tierras. Precisamente, como consecuencia de los núcleos de población que surgieron en relación a los nuevos espacios ganados para el cultivo, se produjo el renacer urbano.
Las ciudades o burgos aumentaron su población e importancia y se convirtieron en centros de producción y de intercambio a través del desarrollo de las actividades artesanales y mercantiles.
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La clase social que propició este renacimiento fue la burguesía, cuya denominación se debe a que eran los habitantes de los burgos. La burguesía entró rapidamente en contradicción con los intereses feudales, y por ello lucharon para obtener ciertos cambios: libertad comercial, estabilidad para la realización de sus actividades lucrativas y participación en las cuestiones políticas ( a partir de esta época medieval se inicia la larga andadura burguesa hacia la plena consecución de sus derechos políticos en los albores de la Hª Contemporánea).
Debido a ello fue muy importante el desarrollo que alcanzó la arquitectura civil: lonjas, ayuntamientos y palacios. Obviamente también se transformó la cultura, ya que el fenómeno urbano trajo consigo un renacimiento cultural impulsado por la aparición de centros de saber laicos: la Universidades.
En relación al arte los gustos estéticos también se modificaron, ya que la burguesía impulsó una sensibilidad de carácter realista que se concretó en un lenguaje plástico naturalista, como aconteció, por ejemplo, en la proliferación de los retratos en la pintura de los primitivos flamencos. Este lenguaje supuso asimismo una metamorfosis de la percepción religiosa gótica haciéndola más humana, emotiva y dinámica. Estos aspectos se plasmarán en los programas iconográficos representados en el edificio más representativo de la etapa gótica: la Catedral: el edificio de la luz cuya arquitectura fue inspirada por las corrientes de pensamiento neoplatónicas.


